Editorial: Homún, pantano que dista de la claras aguas de sus cenotes

“Empantanado” sea quizá la palabra que mejor define la etapa en la que se encuentra el conflicto de la granja de Homún, donde las verdades a medias (por no llamarlas de plano mentiras) están a la orden del día.

Sin embargo, lo que más inquieta es la postura de silencio que guardan los dueños de la empresa Producción Alimentaria y Porcícola (Papo), que hasta ahora han tenido un pésimo manejo de esta crisis que, sin duda, la está afectando.

Preocupa que una empresa de esa magnitud esté jugando a esconder la cabeza, al estilo del avestruz, en un conflicto que además tiene implicaciones políticas y sociales.

Igual es preocupante que a estas alturas del conflicto los diputados en lo único que piensen sea en armar circos convocando a una mesa de diálogo que no tiene más objetivo que atraer las cámaras de los medios de comunicación, porque en términos prácticos no aportarán ninguna solución.

Además los tiempos apremian y las instancias judiciales, donde finalmente se resolverá el caso, ya tienen establecidas sus fechas fatales.

De acuerdo con información de habitantes de Homún, se espera que este martes la juez del caso emita una resolución definitiva sobre el amparo que ordenó la suspensión de actividades de la granja.

También preocupa que activistas estén difundiendo posturas que, lejos de abonar a la solución, generan ruido y confusión en un conflicto que no está claro del todo.

Finalmente, a este caso le viene muy bien una de las moralejas con las que rematan las fábulas: no hagas cosas buenas que parezcan malas ni cosas malas que parezcan buenas, y esto va en particular para la empresa y para quienes concedieron los permisos.

La exigencia es que este caso se vuelva tan transparente como las claras aguas de los cenotes que están en medio de conflicto. Solo de esta manera se podrán drenar las turbias aguas del pantano que ahora atrapa las buenas intenciones. (RADAR POLÍTICO/Yucatán Ahora).

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